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17 MAR

Venganza, traiciones y abandono, o la banalidad del mal

Despiadada biografía de Alfons Quintà, El hijo del chófer
Venganza, traiciones y abandono, o la banalidad del mal

«He acabado por convencerme de que contar lo que explico es moralmente discutible, pero al mismo tiempo socialmente necesario. Se trataba de buscar la verdad oscura que el poder esconde para perpetuarse. Intentar encontrarla es experimentar el riesgo traumático y redentor de la libertad». Así termina Jordi Amat El hijo del chófer, libro cuya escritura, confiesa, «no ha sido agradable».

Jordi Amat escribe esta peculiar biografía de Alfons Quintà siguiendo los exitosos precedentes de Limónov, de Emmanuel Carrère, o El impostor, de Javier Cercas. Es una narración desbocada, en ocasiones espídica, plagada de datos y, sobre todo, de nombres, muchos nombre propios: Josep Pla, Vicens Vives, Josep Tarradellas, Tele/eXprés, El País, TV3, Jordi Pujol, Banca Catalana, Raimon Obiols, Juan Luis Cebrián, Carlos Jiménez Villarejo, Artur Mas, Prenafeta, y un sinfín de personas relacionadas con la prensa, la banca o la política catalanas, van desfilando por sus páginas dejando un poso amargo, no sólo porque Quintà sea un miserable, sino porque el relato es tremendo, despiadado.

Acababa de leer Independencia, que parte de la tesis de que «La élite política, para salir de la crisis económica de 2008, hizo todo lo posible para sacar a la gente a la calle con el cebo de la utopía disponible: un país maravilloso donde todos seremos felices. La idea era superar la crisis de la forma más cómoda presionando al Gobierno central. El problema es que la gente se lo creyó, las élites perdieron el control de la situación y ahora están asustadas porque sacar a la gente a la calle es fácil, pero volverla a meter es muy difícil», como afirma Javier Cercas en una entrevista en El Periódico, y me encuentro ahora con El hijo del chófer, precuela y explicación de la primera y del actual sinsentido catalán, que ya envenenó la Segunda República. Para Ortega y Gasset, dada la imposibilidad de divorcio, la única salida, si salida puede llamarse, era la «conllevancia», el aguantarse mutuamente. Triste, como El hijo del chófer.

 

17/03/2021, ISV

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