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Crisis? What crisis?


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24/11/2014. Thomas Piketty

Sí, somos el 99%, ya no podremos permanecer en silencio, puede leerse en la imagen. Y quizá también sea su aparente simplicidad lo que ha llevado El capital en el siglo XXI a la lista de los libros más vendidos. Porque las grandes ideas no sólo deben de ser innovadoras, sino también expresarse con sencillez y elegancia. Una parte del éxito de la conocida expresión de Einstein e=mc² radica en su simplicidad. Se necesita poseer un conocimiento profundo de una materia para realizar tal prodigio de concreción.

Thomas Piketty, antes un desconocido profesor de la École d’Économie de Paris, es hoy uno de los economistas más conocidos del mundo. Su documentado estudio sobre las graves disfunciones que desde el siglo XVIII ha provocado la sobreretribución del capital, la acumulación de la riqueza en unas pocas manos, y el lastre que ello supone en el crecimiento de la economía y el bienestar de los ciudadanos le da al libro un tinte clásico. Y al igual que Adam Smith, David Ricardo o Thomas Malthus, sus formulaciones se basan en estudios empíricos, de los que se extraen leyes naturales, que cuando las leemos nos parecen antiguas y conocidas, pero que así planteadas pasan de ser hipótesis a certezas.

Y sus consecuencias son de una importancia capital, valga la redundancia. Tras el crack de 1929 y la II Guerra Mundial el capitalismo, de la mano de John Maynard Keynes, se supo reformular. No fue una reacción espontánea, se necesitaron millones de muertos y un sufrimiento infinito, pero al final se alcanzó una solución satisfactoria: el estado ocupó un papel determinante en la economía, la desigualdad disminuyó enormemente y hubo un largo período en el que la riqueza se distribuyó de forma mucha más equitativa. Quizá por ello, pero sobre todo debido a sus propias contradicciones internas, a finales del siglo pasado las economías socialistas se hundieron. El estado volvió a convertirse en el enemigo a batir, su presencia debía limitarse a las funciones imprescindibles. Los halcones sobrevolaban nuestros cielos y su voracidad trituró el estado del bienestar. Salvo Krugman, Stiglitz, y ahora Piketty, la producción teórica de los economistas no pudo impedir las disfunciones de los mercados, que se han puesto de manifiesto en esta crisis, todavía no resuelta.

  

Es necesario reconfigurar las funciones de los sectores público y privado, pero este libro parece poner en cuestión la avalancha de mensajes que llevan a considerar al estado como el cáncer de la economía, que preconizan la autorregulación del mercado de capitales. Sin control público el capital tiende a retribuirse muy por encima del crecimiento de la economía, y Thomas Piketty no ve otra solución que la implantación de un impuesto mundial sobre el capital. Difícil tarea.

Albado por unos, criticado por otros. No cabe duda de que Piketty ha sabido plantear en su libro algunos de los grandes problemas con que se enfrentan las sociedades occidentales.

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05/05/2013. Einstein

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05/05/2012. Paul Krugman contra la ortodoxia alemana

 


     

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Desde principios de mayo está a la venta el último libro del Premio Nobel, Paul Krugman¡Acabad ya con esta crisis!

 

Lleva ya mucho tiempo Krugman advirtiendo de los terribles problemas que vamos a tener las economías europeas de continuar con las políticas de austeridad preconizadas por Angela Merkel y su ministro de finanzas, Wolfgang Schäuble.

Hemos renunciado a la política monetaria y, en consecuencia, no podemos devaluar la moneda. Estamos próximos a renunciar también a la política presupuestaria en aras de la austeridad e, inermes ante la adversidad -puesto que nuestros recortes no ocasionarán otra cosa que la reducción de la actividad económica y el consumo-, el cuadro lo completa la racanería del Banco Central Europeo a la hora de comprar deuda pública de los países acosados por los mercados y las simpáticas políticas restrictivas a las que alegremente se han sumado las economías solventes del norte de Europa.

No es, según Krugman, tarea fácil romper las inercias de un estado de opinión tan suicida, y vaticina los más temibles males y el fracaso definitivo del euro si no cambian las directrices de nuestras políticas.

 

Y una cita suya, para que veáis cómo se las gasta el amigo Paul: "Estamos viviendo en un mundo de políticas económicas zombis, políticas que deberían haber sido eliminadas ante la evidencia de que la totalidad de sus premisas son erróneas, pero que aun así se mant ienen, arrastrando los pies".

 

¿Tendrá razón?, nos preguntamos. Y él nos contesta: "es tarea de cada uno adivinar cuándo va a terminar este reino del error", ¿o se referirá al reino del terror? Consultemos al Roto...


 

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10/10/2011. Generación ni-ni

La selección natural puede ser expresada como la siguiente ley general: la progenie hereda características de sus progenitores, y existirán variaciones de características si el medio ambiente no admite a todos los miembros de una población en crecimiento. Entonces, aquellos miembros con características menos adaptadas morirán con mayor probabilidad, y aquellos con características mejor adaptadas tendrán más posibilidades de sobrevivir.

No quedamos los humanos fuera de su campo de aplicación, y sin llegar a las catastróficas predicciones del Thomas Malthus, nadie puede dudar que la elevada tasa de crecimiento de la población podría complicar la supervivencia de la especie. Tampoco parecen existir razones que impidan aplicar a los políticos la selección natural, y por ello no puede resultarnos más paradójica la elevada tasa de supervivencia de una buena parte de la clase política. Deberíamos ser extremadamente rigurosos con nuestros dirigentes, las condiciones económicas así nos lo imponen. Por el contrario, y pese a la desconfianza que nos genera y la torpeza con que muchos de ellos se desenvuelven, se perpetúan y se aferran a sus cómodos sillones. La ciudadanía asume con fatalismo su desdicha, y asiente y calla, y acude a votar.

Parodiando a Darwin, podría decirse que, en una población en crecimiento, sólo sobreviven aquellos dirigentes que son capaces de soportar el descrédito que su oficio conlleva cuando su codicia o su ansia de poder superan al pudor con que todo humano se desenvuelve en el ámbito social. Por el contrario, son incapaces de sobrevivir aquellos otros dirigentes que desean mantener su honor en el ejercicio de sus cargos.

Porque suponemos que nos engañan, que únicamente les mueve el ansia de poder y por tanto consideramos natural que se lucren en el ejercicio de sus cargos. Esas son nuestras presunciones, que no meras teorías: los servicios estadísticos del estado confirman la pésima impresión que nos causan tanto Zapatero como Rajoy. Parecemos condenados a soportarles. Porque sabemos que José Luis Rodríguez Zapatero, en la campaña electoral de 2008, ocultó lo que ya parecía innegable: estábamos entrando en una de las peores crisis del siglo. Lo sabía y calló, y con ello perdió todo el crédito que se le había otorgado. Pero fue tan torpe la campaña de su oponente que aún así consiguió la victoria. Porque Mariano Rajoy no supo leer la situación, no ha logrado desembarazarse de su maldición de valido. Y aguarda su victoria con paciencia, y nunca apoyará al gobierno aunque ello ocasione graves prejuicios a los españoles. Y así esperamos, tristes e impacientes, el tsunami popular.

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10/09/2011. Mal rollo

El mundo se agita cuando algo nos interesa, cuando deseamos que algo suceda y soñamos con ello, cuando amamos a alguien, cuando nos morimos por una persona y nos derretimos por sus huesos. Algo se activa en nuestra mente cuando deseamos algo, sea una persona, un objeto, un viaje, o simplemente una mirada, un roce. El mundo se agita cuando esa explicación, esa luz nos inquieta y nos obsesiona. El mundo baila siguiendo la música de nuestros pensamientos, y esa música puede ser armónica y placentera o puede ser hiriente, puede ser molesta y dañina. Algo sucede cuando nuestras ideas coinciden.

El arte, la literatura, la ciencia, el espectáculo, son fruto de nuestro tiempo o no son nada. Representan nuestros sueños, nuestra vida. O de lo contrario lo más probable es que nos pasen desapercibidas. Nos fijamos y seleccionamos sólo aquella música que mejor se acomoda a nuestras modas y nuestros gustos, a nuestros sueños. Y el empuje y las ganas, el deseo y la alegría que nos producen algunas modas se vuelve en ocasiones tristeza y desasosiego. Y esa es la música que oímos a todas horas. Y parece incluso que es esa la única que deseamos oír, que nos ofende la alegría y la confianza.

Y es esa la fea música que tanto nos obsesiona y nos desasosiega. Vivimos instalados en la depresión. Son tiempos de desconfianza y prevención. El globo en el que vivíamos ha explotado y descubrimos ahora nuestras miserias y nuestro mal gusto, nuestra pobreza, nuestras mentiras y carencias. Al principio nos consoló sentirnos acompañados en nuestros problemas, pero ese consuelo fue pasajero, hasta que nos llamaron periféricos, hasta que nos negaron el préstamo.

No son sólo las mentiras del gobierno, nos entristecen sobre todo nuestras propias falsedades, las carencias de los políticos, la mendacidad de nuestros alcaldes. Vivimos tiempos difíciles y nada parece consolarnos. Nuestros sofisticados juguetes han dejado de impresionarnos, los vemos ahora simples artefactos, burdos engaños.

Necesitamos nuevos sueños, necesitamos creer, entusiasmarnos, perseguir. Y deseamos creer, pero nos resulta tan difícil… El mundo se ha vuelto demasiado feo, demasiado obsceno. Se dice que nuestros jóvenes ni estudian ni trabajan, pero es probable que no les hayamos dado muchas oportunidades de hacerlo. Nosotros también parecemos poco entusiasmados con nuestros políticos, viven otros sueños, sólo parecen querer mandar. Los percibimos lejos, inútiles, desleales.

Un mal rollo.

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10/08/2011. Política económica

 

Acaso las dudas más inquietantes que actualmente se puedan tener sobre política económica radican en si se deben mantener los incentivos o por el contrario el elevado déficit público no nos deja otra opción que acometer políticas restrictivas. Al Banco Central Europeo se le insta a que relaje un tanto su ortodoxia y alivie la presión poniendo en marcha la máquina de fabricar billetes. Una medida de este tipo probablemente provocaría una bajada del tipo de cambio del euro y quizá arrojara una mayor incertidumbre sobre la viabilidad de la moneda única pero sin duda aliviaría la presión sobre las economías periféricas y haría nuestros productos más accesibles fuera de la zona euro.

No existe unanimidad ni sobre estos asuntos ni sobre casi nada. Alemania se ha convertido de pronto en el adalid de la ortodoxia, en el más férreo enemigo del déficit. Pasó ya el tiempo en que su déficit superaba de largo el 3 por ciento. Era Alemania la que estaba estancada, la que necesitaba tipos bajos para abaratar la carga de su deuda. Arrastró durante mucho tiempo la carga de la reunificación. Pero todo eso ha pasado ya, ahora la locomotora ya no para en las estaciones de los países periféricos, únicamente se detiene en Paris para que Sarkosy pueda echarse unas fotos con la señora Merkel.

No puede sorprendernos que ahora Alemania no precise políticas expansivas. Ni tampoco puede hacerlo que exija serias medidas para prestar su aval a las ayudas acordadas o previstas para los aventureros periféricos. Menos claro nos parece que se muestre tan reticente a la hora de emitir más billetes. Una economía claramente exportadora como la alemana se vería enormemente beneficiada con una bajada de los tipos de cambio del euro.

Porque existe un grave peligro de que Estados Unidos, China y Europa se enzarcen en  una guerra cambiaria, primer paso hacia políticas proteccionistas, hacia la imposición de restricciones al comercio. Ese es realmente un grave peligro. La situación económica es tan difícil que las dificultades de los estados ya no podrán evitar los terribles efectos del paro, de la caída de la actividad.

Y mientras sucede todo eso media España fía nuestro futuro a la caída del gobierno, único y verdadero bálsamo de fierabrás. Por las noches, a solas, esa media España hace vudú con el muñeco de Zapatero, y le clava las agujas y hace chistes y maldice su suerte.

La otra media teme acabar a la intemperie, bajo unos tristes cartones, víctima de un macabro juego que no entiende.

 

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15/05/2011. Indignados

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La gente parece que por fin se ha indignado y ha salido a la calle, y llora y se queja y también se ríe y va de fiesta. No nos puede extrañar, después de tanta crisis y tanto paro, y tanto sufrimiento y tanta desfachatez. Mucho ha tardado la gente en despertar.

 

El 15 de septiembre de 2008 Lehman Brothers quebró. Se hablaba entonces de la credibilidad del sistema financiero, de inyectar liquidez, de tirar dinero desde helicópteros, y para evitar males mayores se socializó el dolor, y los bancos y multinacionales superaron la crisis y ganan ahora cantidades indecentes de dinero. Y se habló también de la crisis inmobiliaria, de cómo los bancos la habían patrocinado concediendo préstamos sin tino, y los bancos gozan ahora de buena salud, pero ya no confían en nosotros ni nos prestan dinero.

 

Y se socializó el dolor, y los socialistas se traicionaron y nos traicionaron, y la gente parece que por fin se ha indignado. Mucho ha tardado en despertar.

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