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No parece que sólo sea el indudable interés literario de El gran Gatsby lo que haya traído a nuestras mesas de novedades las dos nuevas traducciones de Justo Navarro para Anagrama y de Miguel Temprano para RBA, que se unen a las menos conocidas de José Luis Piquero y Pablo Ingberg para Paréntesis y para Losada.
Todas ellas se anticipan a la película de Baz Luhrmann, con Leonardo DiCaprio, Carey Mulligan y Tobey Maguire, que, suponemos, se estrenará este año.
Las editoriales esperan a que expiren los derechos de autor para sacar al mercado las obras. Y en este caso es evidente que ha influido el hecho de que en diciembre de 2010 hizo 70 años que murió en California Francis Scott Fitzgerald.
Y por ello estamos seguros que muchos estarán al tanto de que en 1941 murieron Sherwood Anderson, James Joyce, Rabindranath Tagore y Virginia Woolf, enter otros, o que en 1942 fallecieron Miguel Hernández, Robert Musil, Irène Nemirovsky y Stefan Zweig.
Fueron años duros, el mundo estaba en guerra. De eso hace ahora 70 años.
Ahora que en Todostuslibros.com podemos averiguar dónde comprar el libro que buscamos también podemos saber qué libros nunca podremos encontrar, y la lista es tan extensa que sobrecoge: de Manuel Puig únicamente aparecen localizables Boquitas pintadas y El beso de la mujer araña. Es practicamente imposible encontrar un ejemplar de La traición de Rita Hayworth, de The Buenos Aires affair o de Maldición eterna a quien lea estas páginas.
Es terrible. Pero, créanme, no es un caso raro: de Ernest Hemingway podemos decir casi lo mismo. Aparte de las recientes y cuidadas ediciones de Lumen únicamente podremos comprar El viejo y el mar, Fiesta, Por quién doblan las campanas y poco más. Imposible encontrar un ejemplar de Tener y no tener, de La quinta columna o Adios a las armas o Al otro lado del río entre los árboles. Puede aducirse que, salvo Tener y no tener, quizás no sean lo más destacado de su obra, especialmente conocida por la fuerza de sus relatos.
Y es cierto, pero puede resultarnos tremendamente difícil encontrar en una librería española un ejemplar de El americano impasible (o tranquilo), de Graham Greeene, de Ulises, de James Joyce, de El cielo protector, de Paul Bowles o de cualquiera de las magníficas novelas de espías de John Le Carre de la época de la guerra fría.
Y qué podemos decir de Manuel Vázquez Montalbán. No hace tanto que vendía cientos de miles de ejemplares de cualquiera de las entregas del detective Pepe Carvalho, y ahora que hay tantas editoriales rescatando viejos mitos de la novela policíaca nadie parece acordarse ya de él, ni tampoco de la gran Patricia Highsmith, ni de tantos y tantos olvidados.
Porque en general se editan poco y mal. Pero no nos engañemos, se editan poco y mal porque no se leen, porque no se reseñan, ni se comentan, ni se hacen tesis sobre sus obras, ni biografías, porque por cualquier disputa hereditaria, por efecto de las modas o por azares del destino, son muchos los olvidados. Y es especialmente terrible, porque forman parte de la memoria literaria de cualquier lector sensato.
i. Leopoldo María Panero disfruta desde hace ya demasiado tiempo de los honores de ser considerado el indiscutido rey de los poetas malditos. Por su homosexualidad, por su consumo de drogas, por ser el hijo desencantado de un poeta fascista, pero sobre todo por sus estancias en establecimientos psiquiátricos.
ii. La prematura muerte le impidió a Félix Francisco Casanova pugnar en vida por tan dudoso honor. La editorial Demipage está rescatando ahora su obra.
iii. El 22 de marzo la superagente Carmen Balcells donó un legado al Instituto Cervantes que se abrirá en el 2012. Tal legado consiste en varios textos de Aliocha Coll. El Instituto en agradecimiento decidió custodiar tan preciado tesoro en la caja fuerte número 1569 de su sede (no hay nada como morirse para convertirse en mito). Aliocha Coll se quitó la vida en 1990, cuando tenía 42 años. Sus credenciales para disputarle el trono a Panero o al hipotético Casanova: una obra escasa e incomprensible, la recomendación del todopoderoso Javier Marfías y un final trágico. ¡Ahí es nada!
iiii. Libros del Silencio, que no tienen como padrino al joven Marías pero sí a Maruja Torres, llevan tiempo publicando heteroxos y granjeándose una fama de editorial seria e independiente. Ahora publican La mujer-precipicio, de la Princesa Inca.
A todas esas pupilas tan dilatadas de tanta química
que miran aturdidas y absortas
pero tienen la luz más hermosa.
Bipolar y/o esquizófrénica, colaboradora de La ventana, de Gemma Nierga, Princesa Inca pone en el centro de su obra la nociva catalogación de seres humanos, la descuidada política psiquiátrica, la difícil integración de los locos.
Y se cierra el círculo maldito, y todos nos quedamos un poco más confusos si cabe.
El asunto viene de antiguo, y ya poco después de la publicación de Soldados de Salamina (Tusquets, 2001) Javier Cercas y Arcadi Espada se enzarzaron en una interesante polémica acerca de la validez de lo que Cercas denomina "relato real". Para Arcadi Espada carece de validez tal construción, y deben evitarse usos equívocos, muy especialmente en el periodismo.
Hablábamos de ello con motivo del lanzamiento de la última novela de Antonio Orejudo, Un momento de descano, y nos sigue pareciendo ésta una vía novedosa y perfectamente válida. Indudablemente en el periodismo sí parece exigible que el uso de tales licencias no induzca a confusión al lector, aunque no entendemos cómo en un medio en el que tanto prestigio tienen las columnas de opinión, cuya vigencia nace de su propia subjetividad, esté vedada toda contribución que no se ciña en su exposición y análisis a la más contrastable realidad.
Y por arte de birlibirloque, y acaso también por efecto de alguna alucinógena sustancia, después de tan prometedor comienzo andan ahora todos discutiendo cuántos cigarrillos ha fumado el profesor Rico, si la supuesta halitosis de Rajoy pudiera haber mermado su actividad sexual, o, el colmo de los despropósitos, las relaciones de Javier Cercas con las redes de prostitución en Arganzuela...
Etiquetas: El Mundo, El País, Arcadi Espada, Vasos comunicantes, Quimera, Todo era bueno.
Este otoño pasado Seix Barral publicó Fragmentos y fragancias, un libro donde se recogen notas íntimas, poemas y cartas de Marilyn Monroe a conocidos intelectuales y escritores de la época: Normal Mailer, Somerset Mougham, Truman Capote, Karen Blixen o Carson McCullers, entre otros.

Lee Strasberg, creador del Actor's Studio, fue el principal beneficiario en el testamento de Marilyn Monroe. Del material que dejó a su muerte, Stanley Buch-thal, amigo de los Strasberg, ha preparado lo que será una edición facsímil de 250 páginas en la que se incluye la correspondencia mantenida con conocidos intelectuales, así como un desmitificador prólogo de Antonio Tabucchi.
En 1999 Christie's subastó en Nueva York parte de su biblioteca: ejemplares de Ulises de Joyce, El gran Gatsby de Scott Fitzgerald, Camille de Alejandro Dumas, Muerte en Venecia de Thomas Mann o La última tentación de Cristo de Nikos Kazantzakis.
El que fue su marido, Normal Mailer, dijo que ella "fue una poetisa callejera que habría querido recitar sus versos a una multitud ávida de arrancarle la ropa". No sabemos cuánta ironía contiene la frase.
No fue desde luego un prodigio de estabilidad, pero empieza a asomar una persona distinta a la rubia tonta-icono sexual que todos teníamos en mente. Su relación con Mailer no fue su único coqueteo intelectual, tuvo interés en la generación beat y relaciones de amistad con Truman Capote o Mankiewicz. Todo hace dudar acerca de la verdadera inteligencia de la actriz.
Fuentes: La Razón, El Público, El País, Mallorca Confidencial y Lector mal-herido.
Manuro Entrialgo reflexiona en El jueves sobre los libros electrónicos...

Andrés Neuman también lo hizo en las páginas de El País. Lean sus Opiniones póstumas sobre el 'e-book'...
Nabokov dejó inconcluso El original de Laura, con indicaciones precisas de que no debía ser publicado. Vera, su esposa, respetó los deseos del escritor, pero ahora su hijo Dmitri, siendo ya muy mayor, ha decidido publicarlo.
Nabokov, antes de escribir la novela definitiva, efectuaba sus anotaciones en fichas. En este caso se trata de 138 fichas razonablemente ordenadas pero no redactadas para ser publicadas. Constituyen un magnífico material para los estudiosos de su obra pero quizá no tanto para los lectores.
No es esta la primera vez que no se atienden los deseos del autor. Quizá el caso de Kafka sea el más famoso: poco antes de su muerte le pidió a su amigo y albacea, Max Brod, que quemara sus manuscritos después de su muerte, en 1924. Todos debemos agradecerle que no cumpliera sus deseos y publicara sus obras pues en vida de Kafka sólo se habían editado unas pocas, la mayoría vieron la luz a su muerte, gracias a la infidelidad de su amigo.
En el caso contrario tenemos la ejemplar mendacidad de las viudas de Alberti, Cela y Borges, por poner sólo los ejemplos más conocidos, pero también podríamos hablar de las dificultades por las que atraviesa el legado de García Lorca, Valle-Inclán, Pedro Salinas o Stieg Larsson.
Fuente: Benjamín Prado y José María Guelbenzu (El País), James Ramey (Universidad Autónoma de México), Nacho Para (El Períodico de Extremadura) y Rodrigo Zulueta (Deia)
La vigésima segunda edición del DRAE dice:
Frangmentario, ria.
1. adj. Que aparece en fragmentos.
2. adj. Incompleto, no acabado.
.

No sabemos si Agustín Fernández Mallo y sus secuaces aparecen en fragmentos o están inacabados, tampoco sabemos si pervivirá tal movimiento, cuáles son sus características, si ese será el nombre con que se conocerá, ni siquiera sabemos si tal movimiento existe.
Tras el proyecto nocilla hay un grupo de escritores jóvenes (Kirmen Uribe, Vicente Luis Mora, Javier Calvo, Menéndez Salmón), y está también Pola Oloixarac, famosa ya antes de que nadie haya leído Las teorías salvajes (Alpha Decay, 2010). Cómo no va a ser famosa de quien se dice novelista punk, filósofa, bloguera, experta en arte y tecnología, cantante del dueto Lady Cavendish, modelo sexy en las revistas y devota de los zapatos del malogrado Alexander McQueen. ¡Uauh!, poco más y no puedo acabar de copiar la frase del blog 2000caligrafias.
Se habla de novelar la no ficción, de literatura de blogs, de estética digital, de narrativa mutante (denominación previa a la de nocilla y a los fragmentarios). ¿Es eso suficiente para plantear una moción de censura al establishment?, no lo parece. Ni creo que ese sea el deseo de tan peligrosos compinches. Es en cualquier caso refrescante que se planteen nuevas opciones, incluso que Rafael Chirbes saque los pies del tiesto y se ponga faltón: "Nada nuevo bajo el sol. Lo único verdaderamente peligroso cuando se escriben libros es no saber que existen las bibliotecas (aunque sean virtuales). Se corre el riesgo de repetir (como payaso) lo que alguien ya ha contado como escritor".
Donde hay polémica hay vida, hay ideas. Hay literatura.
En enero, a raíz un artículo de Juan Carlos Rodríguez Ibarra publicado en El País, el ex presidente de la Junta de Extremadura y Antonio Muñoz Molina se han enzarzado en una agria polémica a cuenta de los derechos de autor. Afirma Rodríguez Ibarra que “la propiedad intelectual es discutible e incluso se puede negar desde una concepción de izquierdas”: los creadores reciben múltiples influencias, “¿alguien puede decir que lo que ha creado no es el producto de sus influencias?”, insiste. Mezcla argumentos cuando dice sentirse engañado pues pretendían cobrarle trece canciones de Joaquín Sabina cuando a él sólo le gusta Tiramisú de limón.
Con tan peculiares argumentos no es de extrañar que Muñoz Molina se le lanzara a la yugular dos días después y le desmontará el belén.
Juan Carlos Rodríguez Ibarra quizá pueda resultar algo primitivo, pero no engaña a nadie, es siempre directo y sincero en sus opiniones. No obstante, en su contraréplica se muestra algo más elusivo, se justifica: “soy profesor universitario y me gano la vida trabajando”, y sigue justificándose al afirmar: “el escritor que me insulta defiende intereses personales, mientras que yo defiendo una nueva forma de entender esos derechos”, en cambio acierta a mi juicio cuando recapitula: “parece indiscutible que las cosas han cambiado y que el derecho de autor necesita ser repensado desde la óptica de una sociedad que ha visto aparecer ante sus ojos unas nuevas tecnologías”, para acabar otra vez excediéndose al añadir, “que vuelve inútil el concepto de derecho de autor”. Genio y figura…
Una jugosa polémica que debiera hacernos reflexionar sobre el papel de los creadores en la sociedad moderna, el cambio habido en el modo en que se reproducen y se comercia con sus obras y de qué manera pudieran esos cambios modificar la regulación de los derechos que les asisten.
La paleógrafa Mercedes Agulló ha obtenido pruebas suficientes para asegurar sin ningún género de dudas que el autor de El Lazarillo de Tormes fue Diego Hurtado de Mendoza. La noticia, publicada en el suplemento El cultural de el diario El mundo, no supone en realidad una novedad. Ya en el siglo XVII varios autores atribuyeron la autoría de la primera novela en lengua castellana a Diego Hurtado de Mendoza.
La novedad reside en que nunca se había encontrado un testimonio directo que relacionara la novela con el autor y que permitiera un estudio documentado. La editorial Calambur va a publicar próximamente A vueltas con el autor del Lazarillo, en el que Mercedes Agulló nos explicará la laboriosa búsqueda que la ha conducido a tan exitoso descubrimiento.