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Manuro Entrialgo reflexiona en El jueves sobre los libros electrónicos...

Andrés Neuman también lo hizo en las páginas de El País. Lean sus Opiniones póstumas sobre el 'e-book'...
Nabokov dejó inconcluso El original de Laura, con indicaciones precisas de que no debía ser publicado. Vera, su esposa, respetó los deseos del escritor, pero ahora su hijo Dmitri, siendo ya muy mayor, ha decidido publicarlo.
Nabokov, antes de escribir la novela definitiva, efectuaba sus anotaciones en fichas. En este caso se trata de 138 fichas razonablemente ordenadas pero no redactadas para ser publicadas. Constituyen un magnífico material para los estudiosos de su obra pero quizá no tanto para los lectores.
No es esta la primera vez que no se atienden los deseos del autor. Quizá el caso de Kafka sea el más famoso: poco antes de su muerte le pidió a su amigo y albacea, Max Brod, que quemara sus manuscritos después de su muerte, en 1924. Todos debemos agradecerle que no cumpliera sus deseos y publicara sus obras pues en vida de Kafka sólo se habían editado unas pocas, la mayoría vieron la luz a su muerte, gracias a la infidelidad de su amigo.
En el caso contrario tenemos la ejemplar mendacidad de las viudas de Alberti, Cela y Borges, por poner sólo los ejemplos más conocidos, pero también podríamos hablar de las dificultades por las que atraviesa el legado de García Lorca, Valle-Inclán, Pedro Salinas o Stieg Larsson.
Fuente: Benjamín Prado y José María Guelbenzu (El País), James Ramey (Universidad Autónoma de México), Nacho Para (El Períodico de Extremadura) y Rodrigo Zulueta (Deia)
Quizás debamos remontarnos al espectacular éxito de la serie de Harry Potter para entender el auge actual de la literatura juvenil.
Hasta hace bien poco los jovenes, alcanzada la adolescencia, abandonaban los antes queridos libros -eran objetos ajenos, que hablaban de un mundo adulto-, y se refugiaban en el facebook en su habitación.
Pero llegó Harry Potter y les tocó con su varita y se hicieron mayores y se dieron mordiscos, y descubrieron el amanecer en Stephenie Meyer.
Había nacido un mundo nuevo, ingenuo, distinto, sublimado, con el que se identificaban. Las editoriables abrieron sus bocas, primero con asombro, después con voracidad, y salieron más y más vampiros, y más ángeles. Y ahora llega Kristin Cashore, que trata el "sexo de frente, como le gustaría a cualquier persona joven".
La vigésima segunda edición del DRAE dice:
Frangmentario, ria.
1. adj. Que aparece en fragmentos.
2. adj. Incompleto, no acabado.
.

No sabemos si Agustín Fernández Mallo y sus secuaces aparecen en fragmentos o están inacabados, tampoco sabemos si pervivirá tal movimiento, cuáles son sus características, si ese será el nombre con que se conocerá, ni siquiera sabemos si tal movimiento existe.
Tras el proyecto nocilla hay un grupo de escritores jóvenes (Kirmen Uribe, Vicente Luis Mora, Javier Calvo, Menéndez Salmón), y está también Pola Oloixarac, famosa ya antes de que nadie haya leído Las teorías salvajes (Alpha Decay, 2010). Cómo no va a ser famosa de quien se dice novelista punk, filósofa, bloguera, experta en arte y tecnología, cantante del dueto Lady Cavendish, modelo sexy en las revistas y devota de los zapatos del malogrado Alexander McQueen. ¡Uauh!, poco más y no puedo acabar de copiar la frase del blog 2000caligrafias.
Se habla de novelar la no ficción, de literatura de blogs, de estética digital, de narrativa mutante (denominación previa a la de nocilla y a los fragmentarios). ¿Es eso suficiente para plantear una moción de censura al establishment?, no lo parece. Ni creo que ese sea el deseo de tan peligrosos compinches. Es en cualquier caso refrescante que se planteen nuevas opciones, incluso que Rafael Chirbes saque los pies del tiesto y se ponga faltón: "Nada nuevo bajo el sol. Lo único verdaderamente peligroso cuando se escriben libros es no saber que existen las bibliotecas (aunque sean virtuales). Se corre el riesgo de repetir (como payaso) lo que alguien ya ha contado como escritor".
Donde hay polémica hay vida, hay ideas. Hay literatura.
A Leopoldo María Panero, nuestro maldito oficial, le ha salido un joven competidor, Félix Francisco Casanova, fallecido en 1976 a la edad de 19 años. Una historia que perfectamente podría haber incluido Roberto Bolaño en Los detectives salvajes: joven, poeta alucinado y brillante. Lean esta pequeña maravilla:
A veces, cuando la noche me aprisiona
suelo sentarme frente a una cabina telefónica
y contemplo las bocas que hablan
para lejanos oídos.
Y cuando el hielo de la soledad
me ha desvenado, los barrenderos moros
canturrean tristemente
y las estrellas ocupan su lugar, yo acaricio el teléfono
y le susurro sin usar monedas.
Incluído en La memoria olvidada, publicado por Hiperión en 1990.
Ahora la editorial Demipages, que ya nos sorprendió con No me gustaría palmarla, del irreverente Boris Vian, sigue en su línea de publicar obras heterodoxas y reedita la única novela de este joven poeta, El don de Vorace, escrita dos años antes de su muerte.
En enero, a raíz un artículo de Juan Carlos Rodríguez Ibarra publicado en El País, el ex presidente de la Junta de Extremadura y Antonio Muñoz Molina se han enzarzado en una agria polémica a cuenta de los derechos de autor. Afirma Rodríguez Ibarra que “la propiedad intelectual es discutible e incluso se puede negar desde una concepción de izquierdas”: los creadores reciben múltiples influencias, “¿alguien puede decir que lo que ha creado no es el producto de sus influencias?”, insiste. Mezcla argumentos cuando dice sentirse engañado pues pretendían cobrarle trece canciones de Joaquín Sabina cuando a él sólo le gusta Tiramisú de limón.
Con tan peculiares argumentos no es de extrañar que Muñoz Molina se le lanzara a la yugular dos días después y le desmontará el belén.
Juan Carlos Rodríguez Ibarra quizá pueda resultar algo primitivo, pero no engaña a nadie, es siempre directo y sincero en sus opiniones. No obstante, en su contraréplica se muestra algo más elusivo, se justifica: “soy profesor universitario y me gano la vida trabajando”, y sigue justificándose al afirmar: “el escritor que me insulta defiende intereses personales, mientras que yo defiendo una nueva forma de entender esos derechos”, en cambio acierta a mi juicio cuando recapitula: “parece indiscutible que las cosas han cambiado y que el derecho de autor necesita ser repensado desde la óptica de una sociedad que ha visto aparecer ante sus ojos unas nuevas tecnologías”, para acabar otra vez excediéndose al añadir, “que vuelve inútil el concepto de derecho de autor”. Genio y figura…
Una jugosa polémica que debiera hacernos reflexionar sobre el papel de los creadores en la sociedad moderna, el cambio habido en el modo en que se reproducen y se comercia con sus obras y de qué manera pudieran esos cambios modificar la regulación de los derechos que les asisten.
Lumen va a editar próximamente una biografía de Clint Eastwood en la que el cineasta no sale precisamente bien parado. No sabemos si el amor al dinero de Clint Eastwood es tan exagerado como nos cuenta Patrick McGilligan o Lumen quiere aprovechar el estreno en España de Invictus ─la adaptación del libro de John Carlin, El factor humano, sobre la vida del gran Nelson Mandela─ para vender el libro.

Eso no lo sabemos ahora, aunque sí intuimos que muchos veremos la película y leeremos el libro. Acaso otros empleen ese tiempo en bajar del Olimpo y darse una vuelta por este mundo terrenal, tan lleno de debilidades.
La paleógrafa Mercedes Agulló ha obtenido pruebas suficientes para asegurar sin ningún género de dudas que el autor de El Lazarillo de Tormes fue Diego Hurtado de Mendoza. La noticia, publicada en el suplemento El cultural de el diario El mundo, no supone en realidad una novedad. Ya en el siglo XVII varios autores atribuyeron la autoría de la primera novela en lengua castellana a Diego Hurtado de Mendoza.
La novedad reside en que nunca se había encontrado un testimonio directo que relacionara la novela con el autor y que permitiera un estudio documentado. La editorial Calambur va a publicar próximamente A vueltas con el autor del Lazarillo, en el que Mercedes Agulló nos explicará la laboriosa búsqueda que la ha conducido a tan exitoso descubrimiento.
Un escalofrío recorre el espinazo de las editoriales literarias independientes. Si hace pocos meses, Javier Cercas dejaba Tusquets Editores para engrosar el álbum de autores de Random House Mondadori, ahora es Enrique Vila-Matas quien abandonará la editorial que le vio crecer, Anagrama, para hacer un doble salto: al Grupo Planeta y a Random House Mondadori. Así, el 16 de marzo será Seix Barral quien publique su nueva novela, Dublinesca, título basado en un poema de Philip Larkin sobre la muerte de una prostituta y que, en el marco de una obra metaliteraria tan característica del autor, sirve de título a una historia donde asoma una reflexión sobre el impacto de la tecnología digital en la cultura. Más tarde, a medida que caduquen los derechos de sus obras, las ediciones en formato económico de sus obras irán apareciendo en Debolsillo a partir del primer trimestre de 2011 y, de manera escalonada, hasta 2018.
El líder de Extremoduro publica El viaje íntimo de la locura, su primera novela: "Quiero que la gente sepa que he escrito un libro. Si es bueno el boca a oreja hará lo demás".
Roberto Inieta (Plasencia, Cáceres, 1962) el rockero ingobernable, esquivo con la popularidad, refugiado en sus tormentos, ha cambiado. Quizá sea su nueva condición de escritor. O que dar descanso a los amenazadores y ceñudos Extremoduro le ha desenchufado. Y sin esa electricidad es otro, mucho más ponderado. Para los no frecuentadores de ambientes rockeros, apuntar que Extremoduro, su grupo, es un milagro dentro de la música española: unos tipejos desarrapados capaces de llenar pabellones sin sonar en radios y , al mismo tiempo, de acumular alabanzas por parte de los críticos más severos. La esencia del grupo son los textos de Robe.
Carlos Marcos. Babelia, El País, 31/10/2009.
Hace unas semanas que El País publicó un artículo de Mario Vargas Llosa que acababa así: "Como todas las grandes historias de justicieros que pueblan la literatura, esta trilogía nos conforta secretamente haciéndonos pensar que tal vez no todo esté perdido en este mundo imperfecto y mentiroso que nos tocó, porque, acaso, entre la "muchedumbre municipal y espesa", haya todavía algunos quijotes modernos, que, inconspicuos o disfrazados de fantoches, otean su entorno con ojos inquisitivos y el alma en un puño, en pos de víctimas a las que vengar, daños que reparar y malvados que castigar. ¡Bienvenida a la inmortalidad de la ficción, Listeth Salander!"
Comparaba Vargas Llosa la trilogía Millenium con las lecturas que devoraba de niño de Dickens y Dumas. Con malicia Luis María Anson le tachó de benébolo, otros fueron menos sutiles.
Pero la mayoría de los lectores no fue consciente de que la literatura popular puede ser considerada una invasión por algunos.