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Sarah Lark presentó en Librería Metáfora El grito de la tierra, última entrega de su trilogía neozelandesa
Al amparo de los estantes de la librería, abrigada por sus muchísimos lectores, Sarah Lark presentó el 25 de enero su última novela publicada en España. Y habló de la especial relación que la une con Nueva Zelanda, de cómo conoció el país en 1990, con poco más de 30 años, cuando fue allí a trabajar como guía turística. Y de cómo quedó prendada de la amabilidad de los maoríes, de sus músicas y tradiciones, y de su naturaleza prodigiosa y bilen cuidada.
Sarah Lark es el pseudónimo que ha utilizado la escritora alemana Christiane Gohl para publicar esta trilogía, que se inició con En el país de la nube blanca, y que pronto obtuvo una acogida espectacular por parte de los lectores. La canción de los maoríes fue su esperada continuación. Ahora con El grito de la tierra cierra esta monumental trilogía que ha hecho soñar a millones de lectores en todo el mundo.
Sarah Lark, Christiane Gohl, también ha publicado con su verdedadero nombre más de cien libros en Alemania sobre su otro gran amor, los caballos. Desde el 2000 vive en Almería, en Los Gallardos, cerca de Mojácar, y allí cuida, amaestra y monta a sus quince caballos. Su preferido es el poni galés, pero también cuida de los que son abandonados, y se queja del mal trato que en ocasiones les damos.
Muy comunicativa y amable, con un español voluntarioso, les anunció a los asistentes la próxima publicación de una nueva trilogía, en la que saldrá a relucir la diferente cultura colonizadora de Australia y Nueva Zelanda.
Pero eso es otra historia.
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Dos son los temas sobre los que gravita y reflexiona esta novela: la música y el sexo. Y lo hace en ambos casos con desenfado y valentía, con un lenguaje solvente y creíble. Y no duda en citar a Andrés Calamaro o a Los Panchos, a Billy Holliday y a Mozart o a Pablo Abraira y Karina, sin que ello nos desagrade ni nos ofenda su coqueteo con el kitsch. Porque en todas las referencias musicales subyace dominio del lenguaje, conocimiento y buen gusto. Porque cuando dudamos nos deja oír, bien claras, la trompeta de Louis Amstrong o las voces de Sarah Vaughan o Ella Fitzgerald, y sonreímos con la suave cadencia glam de las elucubraciones de El Gran Leonardo Veneroni, que nos traen a la memoria al olvidado Manuel Puig y sus Boquitas pintadas.
Y todo ello lo engarza con un sexo equívoco y esquivo, difícil y trasgresor, insatisfactorio, de súplicas y dóminas, que ahora parece equivalente a las muchas sombras que Grey proyecta sobre los estantes de las librerías pero que aquí Miguel Ángel Muñoz desorotiza.
En la estructura de esta magnífica novela se nos permite entrever la querencia del autor por el género corto, con capítulos que en ocasiones podrían funcionar como relatos independientes, sin que ello le reste coherencia e interés al conjunto.

La Fábrica publica ahora Edward Hopper. Pinturas y dibujos de los libros de cuentas. Sirva como anticipo de la exposición del pintor en el Museo Thyssen-Bornemisza del 12 de junio al 16 de septiembre de 2012.
Decía Fietta Jarque en El País del 2 de junio que Hopper es el pintor de la soledad de las personas en la vida urbana moderna. Y el más literario, añadiríamos nosotros, y el que refleja con mayor claridad la incomunicación y los silencios que anegan nuestras vidas.
El libro de La Fábrica nos acerca a las interioridades del matrimonio formado por el pintor y la también artista Josephine Nivison, y al control que tenían sobre los cuadros, a su descripción e inventario.
Y no puede sorprendernos que Hopper simultaneara este diario conjunto con otro propio y exclusivo.

Desde principios de mayo está a la venta el último libro del Premio Nobel, Paul Krugman, ¡Acabad ya con esta crisis!
Lleva ya mucho tiempo Krugman advirtiendo de los terribles problemas que vamos a tener las economías europeas de continuar con las políticas de austeridad preconizadas por Angela Merkel y su ministro de finanzas, Wolfgang Schäuble.
Hemos renunciado a la política monetaria y, en consecuencia, no podemos devaluar la moneda. Estamos próximos a renunciar también a la política presupuestaria en aras de la austeridad e, inermes ante la adversidad -puesto que nuestros recortes no ocasionarán otra cosa que la reducción de la actividad económica y el consumo-, el cuadro lo completa la racanería del Banco Central Europeo a la hora de comprar deuda pública de los países acosados por los mercados y las simpáticas políticas restrictivas a las que alegremente se han sumado las economías solventes del norte de Europa.

No es, según Krugman, tarea fácil romper las inercias de un estado de opinión tan suicida, y vaticina los más temibles males y el fracaso definitivo del euro si no cambian las directrices de nuestras políticas.
Y una cita suya, para que veáis cómo se las gasta el amigo Paul: "Estamos viviendo en un mundo de políticas económicas zombis, políticas que deberían haber sido eliminadas ante la evidencia de que la totalidad de sus premisas son erróneas, pero que aun así se mant ienen, arrastrando los pies".
¿Tendrá razón?, nos preguntamos. Y él nos contesta: "es tarea de cada uno adivinar cuándo va a terminar este reino del error", ¿o se referirá al reino del terror? Consultemos al Roto...
Han pasado ya cinco años desde que en 2007 publicó Veneno y sombra y adiós, la tercera y última parte de la titánica Tu rostro mañana. Vuelve ahora con una obra más asequible, igualmente hipnótica, en la que centra sus interminables especulaciones en los efectos y malentendidos del amor, en su injustificada buena prensa.
En un mundo en el que todo se ha banalizado, en el que campa la impudicia y el mal gusto, novelas como estas nos hace creernos mejores, más adultos, incluso más sabios, y su escritura artificiosa, casi anticuada, podría decirse que ociosa o laberíntica, nos alumbra y enriquece, y nos descubrimos también elucubrando y suponiendo, indagando la penuria de un mundo sin Javier Marías.
Y haber rechazado en Premio Nacional de Narrativa hace a esta novela más libre y más singular, y más suelta, que decía Eduardo Mendoza.
Érase una vez, no hace mucho tiempo, cuatro hombres que murieron el mismo día, en la misma ciudad. El primero era escritor y dejó cinco mil dólares; el segundo era librero y dejó treinta mil dólares; el tercero era editor y dejó quinientos mil dólares; en cuanto al cuarto, sus herederos se repartieron cinco millones de dólares. Era un negociante de papeles viejos.
Clarice Lispector

El 12 de febrero de 1976, durante la proyección privada de la película Odisea en los Andes, Mario Vargas Llosa le propinó un fuerte puñetazo a Gabriel García Márquez.
Han pasado 34 años, ambos han obtenido sendos premios Nóbel, y el origen de la disputa sigue siendo un misterio.
No parece que las diferentes posiciones políticas, ya entonces bien patentes, pudieran haber movido a Vargas Llosa a cometer un acto tan violento. Lo más probable es que la causa se encuentre en el ámbito privado.
Parece ser que el matrimonio García Márquez pudieron haber aconsejado a Patricia, la entonces esposa de Mario Vargas Llosa, que lo más conveniente para ella era que se separara del escritor peruano pues éste mantenía una tórrida relación amororsa con una modelo finlandesa o sueca.
De ser eso cierto no nos puede extrañar que Mario Vargas Llosa considerara tal acto una deslealtal y una intromisión intolerables. Lejos quedaron los tiempos en que ambos vivían muy cerca, en el barrio barcelonés de Sarriá, y compartían mesa, confidencias y esperanzas.
Etiquetas: Deia, La República, La Vanguardia, El País.